#106
July 22, 2026
TÍTULO: El Mundial aún se sintió como el mundial.
AUTOR: Carlo Vera Soliz, jefe de diseño Revista CÁBALA
Cuando la cita máxima arrancó, allá por el 11 de junio, el sentimiento en casa era agridulce. Por una parte, se trataba del evento magno del fútbol, una suerte de Navidad para todos los enamorados de la caprichosa. La emoción que genera es imposible de camuflar. Por otra, pesaba el dolor de haber faltado a esa cita, esa que nos es tan esquiva y que vive constantemente en nuestras cabezas. Sí, el Mundial había llegado, pero haber perdido el boleto seguía sintiéndose como una puñalada al corazón.
Por si fuera poco, el contexto tampoco invitaba al optimismo. Más allá del fútbol, el ambiente era álgido, conflictivo y tenso. Todo hacía pensar que este Mundial sería apenas otra mancha gris en medio de una realidad cada vez más pesada.
Pero entonces… empezó.
Y ese gris comenzó a llenarse de color, apoderándose de nuestras calles y de nuestra rutina. Volvimos a intercambiar figuritas, aun imaginando cómo se habrían visto los nuestros pegados en ese álbum. En casa y en la oficina, otra vez sintonizamos la misma señal de televisión. A la hora del almuerzo discutíamos sobre aquel arquerazo de Cabo Verde, sobre la última gesta de Messi o Ronaldo, nos lamentábamos por el gol que nos hizo perder la combinada, organizábamos un asadito para ver juntos la final y, casi sin darnos cuenta, acomodábamos nuestra cotidianeidad alrededor del fútbol.
Las conversaciones en la calle también cambiaron de tono. La tensión seguía ahí, pero ahora tenía otro origen. Durante 38 días, el fútbol volvió a imponerse sobre todo lo demás. Y escapar de su dominio, una vez más, pareció imposible.
Sí, el Mundial volvió a sentirse como el Mundial porque el fútbol sigue siendo el fútbol. Entre cambios estructurales, intentos de modernizarlo, pausas de hidratación y nuevas reglas que dividen opiniones, el rey de los deportes (y probablemente, del entretenimiento) volvió a recordarnos por qué ocupa ese lugar. Cada cuatro años nos regala una excusa para compartir, debatir, emocionarnos y sonreír. Durante un poco más de un mes, consigue que millones de personas hablen el mismo idioma, incluso cuando parecen incapaces de ponerse de acuerdo en cualquier otra cosa.
Larga vida al rey.
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