Después de semanas de emociones y noches que paralizaron al planeta, el Mundial llegó a ese momento en el que la gloria parece estar al alcance de la mano. Solo cuatro selecciones permanecían en pie, separadas por noventa minutos del partido más importante de sus vidas.
Las semifinales no solo enfrentaron a algunos de los mejores equipos del mundo; también reunieron historias, generaciones enteras de futbolistas y millones de sueños depositados en un mismo objetivo. En esta instancia ya no basta con jugar bien, hace falta carácter, jerarquía, valentía y la capacidad de soportar el peso de la historia para seguir avanzando hacia la eternidad.
Dallas fue el escenario de una semifinal que enfrentó a dos gigantes del fútbol europeo y que terminó confirmando el extraordinario momento de España. La selección dirigida por Luis de la Fuente derrotó 2-0 a Francia y puso fin al sueño de los galos, que llegaban impulsados por el talento de Kylian Mbappé. El capitán francés saltó al campo para disputar su partido número 21 en una Copa del Mundo, convirtiéndose en el jugador de su país con más presencias mundialistas, aunque la noche terminaría perteneciendo a la Roja. A los 22 minutos, la insistencia de Lamine Yamal provocó un penal que Mikel Oyarzabal transformó en gol, España continuó dominando el partido gracias al control de Rodri y Dani Olmo en el mediocampo. El golpe definitivo llegó al minuto 58, cuando Pedro Porro culminó una gran jugada colectiva con un potente remate cruzado que dejó sin opciones a Mike Maignan.
La otra semifinal estaba cargada de historia, el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta fue el escenario de un nuevo capítulo de una de las rivalidades más grandes del fútbol mundial. En una semifinal cargada de tensión y emociones, Argentina remontó sobre el final y derrotó 2-1 a Inglaterra para asegurar su lugar en la gran final. Los ingleses habían golpeado primero a los 55 minutos gracias a Anthony Gordon, cuando la Albiceleste parecía quedarse sin respuestas y la angustia comenzaba a apoderarse de sus aficionados, el equipo argentino volvió a demostrar que nunca deja de creer.
A cinco minutos del final, Lionel Messi encontró un espacio imposible y habilitó a Enzo Fernández, que firmó el empate con un remate espectacular al ángulo. El golpe anímico fue demasiado para Inglaterra y, ya en el tiempo añadido, el capitán argentino volvió a aparecer para asistir a Lautaro Martínez, autor del 2-1 definitivo que desató la locura en las tribunas. La imagen de Messi, emocionado y abrazado a Lionel Scaloni tras el pitazo final, recorrió el mundo mientras Argentina celebraba la clasificación a su segunda final consecutiva y mantenía intacto el sueño de defender la corona frente a España.