Zidane también llegó a la selección francesa con sus propias cábalas. Una de las primeras se vive justo antes de cada partido, en la puerta del vestuario, donde el entrenador recibe personalmente a sus jugadores. Un abrazo o un choque de manos forman parte de un ritual que busca transmitir confianza y mantener unido al grupo antes de salir a la cancha.
Pero la intimidad también es parte de sus cábalas, consciente de la enorme exposición que genera su regreso el técnico decidió cerrar las puertas de Clairefontaine a la prensa y a los fotógrafos durante la llegada de los futbolistas, esto se suma a su cábala de abandonar el vestuario inmediatamente después de terminar los entrenamientos, Zidane deja a los jugadores completamente solos en su intimidad para que reflexionen o resuelvan tensiones, interviniendo luego solo de forma individual cara a cara si era necesario.