La conquista de España en el Mundial de 2026 tuvo un protagonista muy distinto, detrás de la segunda estrella apareció Luis de la Fuente, un técnico que construyó su carrera lejos de los focos, convencido de que los grandes proyectos se levantan con paciencia, trabajo y una confianza inquebrantable en las nuevas generaciones.
Nacido el 21 de junio de 1961 en Haro, La Rioja, De la Fuente alcanzó la cima del fútbol mundial después de décadas recorriendo un camino silencioso. Su historia está lejos de la improvisación. Mucho antes de convertirse en el entrenador que devolvió a España al trono del fútbol, fue un futbolista respetado y un formador obsesionado con los detalles, capaz de detectar el talento antes que nadie.
Su recorrido comenzó en Lezama, la legendaria cantera del Athletic Club. Allí se formó como lateral izquierdo y rápidamente se ganó un lugar en el primer equipo durante los años dorados de la institución. Integró la histórica plantilla dirigida por Javier Clemente que conquistó las ligas de 1983 y 1984, además de una Copa del Rey. Su carrera continuó en el Sevilla y más tarde en el Deportivo Alavés.
Fueron años que moldearon la personalidad de un entrenador que entendió desde muy temprano que los campeonatos no se sostienen únicamente con talento. Al retirarse, Luis de la Fuente eligió el camino menos vistoso, él comenzó a construir su futuro por el Portugalete, el Aurrerá de Vitoria y las divisiones inferiores del Athletic Club, perfeccionando una metodología basada en la cercanía con el futbolista.
El verdadero punto de inflexión llegó en 2013, cuando la Real Federación Española de Fútbol le abrió las puertas de las selecciones juveniles. Lo que parecía un paso más en su carrera terminaría transformándose en el inicio de una revolución silenciosa. Desde los campos de entrenamiento de Las Rozas, De la Fuente comenzó a moldear a una generación que años después conquistaría Europa y el mundo.
Los resultados no tardaron en aparecer. En 2015 levantó el Campeonato Europeo Sub-19, guiando a una camada en la que ya destacaban nombres como Marco Asensio y Rodri. Cuatro años más tarde conquistó la Eurocopa Sub-21 tras vencer a Alemania en la final, consolidando a futbolistas que terminarían siendo fundamentales para la selección absoluta, como Fabián Ruiz y Dani Olmo. El proceso se completó con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio, donde terminó de fortalecer el núcleo competitivo que más tarde brillaría en Norteamérica.
Por eso, cuando la Federación decidió apostar por él después del Mundial de Catar 2022, la elección generó más dudas que certezas. El tiempo terminó dándole la razón. Primero llegó la conquista de la Liga de Naciones en 2023. Después, España recuperó el trono europeo con la Eurocopa y, finalmente, alcanzó la gloria máxima con la obtención del Mundial de 2026. Lo que muchos consideraban una apuesta arriesgada terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más exitosos en la historia del fútbol español.
“Este no es el triunfo de un sistema ni de un entrenador; es el triunfo de un país que creyó en sus jóvenes. Cuando asumí el cargo, me dijeron que a estos chicos les faltaba experiencia para las grandes citas. Hoy, con diecinueve y veinte años, le han dado al mundo una lección de madurez. Para ganar un Mundial no basta con jugar bien al fútbol; hay que saber sufrir juntos. El gol de Ferran en la prórroga es el premio a la fe de un grupo que nunca dejó de picar piedra. El orden táctico es importante, pero el corazón y la generosidad de este vestuario es lo que realmente nos borda la segunda estrella”.
España celebraba la segunda estrella de su historia, el Mundial también terminó consagrando a un entrenador que entendió que el futuro no se improvisa, se trabaja.