Hay jugadores que hablan mucho dentro de la cancha y otros que construyen su carrera desde el trabajo silencioso. Fernando Nava parece estar más cerca del segundo grupo. A sus 20 años ya pasó por estructuras que pocos futbolistas bolivianos logran conocer: Palmeiras, Athletico Paranaense y Santos FC forman parte de un recorrido que empezó muy temprano y que hoy lo pone como uno de los jugadores jóvenes con mayor proyección del fútbol boliviano.
Pero detrás de los clubes grandes y las convocatorias a la selección hay una historia mucho más simple. La de un chico cruceño que empezó jugando en la Academia Tahuichi, que tuvo que aprender a vivir solo lejos de su familia y que entendió rápido que el fútbol fuera del país exige mucho más que talento. Hoy instalado en Club Always Ready, Nava vive otra etapa de su carrera, la de consolidarse en primera división, jugar Copa Libertadores y pelear títulos mientras sigue mirando hacia afuera como objetivo a futuro.
“Comencé desde muy chico, desde los 4 o 5 años”, recordó sobre sus primeros pasos. Su historia arranca en la Tahuichi, donde llegó gracias a una beca escolar. “Yo estaba en el kínder y me preguntaron si quería jugar fútbol y obviamente dije que sí rápido”, contó. Desde ahí el fútbol empezó a convertirse en rutina de entrenamientos, viajes que prácticamente nunca dejó.
Después de varios años en la academia, pasó al Proyecto Bolivia 2022, una estructura que buscaba potenciar jóvenes talentos con roce internacional. Ahí comenzaron los viajes constantes a Brasil y también las primeras oportunidades importantes. “Con 14 a 15 años me quedo en Palmeiras haciendo pruebas. Jugamos algunos amistosos y finalmente me quedo ahí”, recordó.
El salto no era menor. Palmeiras no es solamente uno de los clubes más grandes de Brasil. También es una de las mejores estructuras formativas de Sudamérica. Llegar ahí siendo adolescente y boliviano ya marcaba diferencia. Pero el contexto mundial terminó cambiando los planes. El COVID frenó todo y obligó a Nava a volver al país justo cuando empezaba a adaptarse.
“Viene el COVID y tengo que volver a Bolivia”, explicó. Muchos jugadores quedaron detenidos durante ese tiempo, pero en su caso la decisión fue distinta. “Ni bien me entero que el proyecto iba a volver a entrenar, hablé para seguir preparándome y no quedarme parado”, contó. Esa continuidad terminó siendo clave porque al año siguiente apareció otra oportunidad importante: Atletico Paranaense.
“Ahí estuve desde 2022 hasta 2024”, explicó sobre una etapa donde ya llegó con otra madurez. Porque si Palmeiras representó el impacto inicial de salir del país, Paranaense fue el momento donde empezó realmente a acostumbrarse a la vida de futbolista profesional.
“No, creo que ahí mucho más tranquilo, sabía cómo iban a ser las cosas”, afirmó sobre esa segunda experiencia viviendo solo. También reconoció que salir de casa tan joven terminó marcándolo mucho más como persona que como jugador. “Cuando estás allá se te vienen recuerdos de la familia, Navidad, Año Nuevo, cumpleaños… cosas que siempre pasabas juntos en familia”, recordó.
Ese proceso de adaptación es uno de los aspectos que más destacan quienes siguieron de cerca su crecimiento porque el talento siempre estuvo. Aprender a convivir con la distancia, la exigencia y la competencia permanente que existe en Brasil.
Incluso hubo entrenadores que buscaron sacarlo de su zona de confort. Aunque hoy juega principalmente como extremo, en Brasil llegó a actuar como lateral. “Al principio no me gustaba mucho, pero el profesor me decía que como extremo también tenía que aprender a marcar”, explicó. Una enseñanza que, según él mismo reconoce, le sigue sirviendo hasta hoy.
Después llegó otra camiseta histórica: Santos FC. Ahí el contexto fue distinto porque ya no estaba solo. En el club coincidió con varios futbolistas bolivianos que también formaban parte de ese proceso de exportación juvenil impulsado por el Proyecto Bolivia 2022.
“Me pude reencontrar con Miguel, Enzo, Marcelo y Zabala”, contó sobre esa etapa. Compartir entrenamientos y el día a día con compatriotas hizo mucho más sencilla la adaptación. “Creo que eso te ayuda mucho a tener confianza”, explicó.
Ese paso por Santos también terminó reforzando algo importante, la generación boliviana que empezó a salir al exterior desde muy joven. Algo que Nava considera clave para el crecimiento del fútbol nacional. “Cada vez hay más jugadores fuera del país y creo que eso ayuda bastante”, afirmó más adelante hablando sobre el futuro de la selección boliviana.
Después de varios años en Brasil llegó una decisión importante. Volver a Bolivia para iniciar oficialmente su carrera profesional. Para muchos futbolistas jóvenes regresar puede interpretarse como un retroceso. En su caso, el contexto fue distinto.
“No, para mí fue una oportunidad única porque sabía que tenía la posibilidad de debutar profesionalmente en mi país”, explicó sobre su regreso. Primero apareció Oriente Petrolero y después el salto a Always Ready, donde hoy continúa creciendo.
La vuelta tenía además un componente emocional importante. “Poder debutar en Santa Cruz con mi familia cerca fue algo muy especial”, recordó. Después de tantos años afuera, el hecho de que sus padres pudieran verlo jugar profesionalmente en persona terminó siendo uno de los momentos más importantes de su carrera.
Pero Nava nunca dejó de mirar más allá del fútbol boliviano. Su regreso al país parece más una etapa de impulso que una meta final. Hoy juega Libertadores, suma minutos en un club competitivo y sigue construyendo experiencia en primera división.
En Club Always Ready encontró además otro escenario de exigencia. Un equipo acostumbrado a pelear torneos nacionales y competir internacionalmente. Ahí el objetivo inmediato es claro: pelear el campeonato boliviano y consolidarse dentro del plantel.
En paralelo también sigue creciendo su vínculo con la selección boliviana. La primera convocatoria a la mayor llegó cuando todavía estaba en Brasil. “Los dirigentes de Atlético Paranaense me avisan que estaba convocado. Para mí fue una alegría única”, recordó.
El debut llegó en un amistoso frente a Panamá en Cochabamba. Más allá del resultado, para Nava el valor estuvo en compartir ese momento con otros jugadores de su generación. “Habían debutado también varios compañeros de la Sub-20 y eso me puso muy feliz”, contó.
Después llegaron experiencias internacionales todavía más fuertes. Partidos en Asia, estadios mundialistas y viajes larguísimos. Uno de los escenarios que más lo impactó fue Corea del Sur. “Se sentía totalmente un clima mundial”, recordó sobre ese amistoso FIFA.
También formó parte del proceso reciente de repechaje con Bolivia, una experiencia que lo dejó optimista sobre el futuro de la selección. “Tenemos un excelente grupo y estoy seguro que en algunos años Bolivia va a estar en un Mundial”, afirmó.
Esa confianza pertenece a una generación que convivió desde muy joven con estructuras profesionales, roce internacional y experiencias fuera del país. Algo poco habitual en el fútbol boliviano hasta hace algunos años.
Y aunque el futuro todavía está abierto, sus objetivos siguen claros. “Me gustaría mucho jugar en Europa”, contó. Inglaterra, Francia y Portugal aparecen entre los destinos que más le llaman la atención. No mencionó un club específico, pero sí dejó claro que el sueño europeo sigue intacto.
Mientras tanto, sigue construyendo el camino desde Bolivia. Con minutos en primera división, Copa Libertadores y una carrera que todavía parece estar recién comenzando. Y quizás ahí está una de las claves que explican su crecimiento. Nava habla poco de talento y mucho de trabajo. Incluso cuando le preguntan por cábalas antes de los partidos, la respuesta vuelve a ir hacia el mismo lugar.
“No tengo una cábala como tal. Siempre hablo con Dios y le pido que me bendiga antes de cada partido”, contó. Pero enseguida aparece la frase que mejor resume su forma de ver el fútbol, “Creo mucho en el trabajo de la semana. Si haces una gran semana de entrenamiento, tienes muchas más posibilidades de hacer un gran partido”, afirmó.