En medio de un proceso marcado por cambios y decisiones constantes, la selección boliviana encontró en Óscar Villegas una figura que entiende el juego desde adentro. Su llegada respondió a la necesidad de encontrar un entrenador que conozca el entorno, al jugador y las limitaciones reales del fútbol boliviano. En ese contexto, su perfil encajó más por lógica que por tendencia.
Villegas representa una línea de trabajo poco habitual en la selección: la del técnico formador que construye desde la base. Su carrera no se define únicamente por resultados en primera división, sino por años dedicados al desarrollo de talento joven, especialmente en Bolívar, donde fue parte clave en procesos de formación. Esa experiencia terminó marcando su enfoque actual, donde la renovación generacional no es un recurso, sino el eje central de su proyecto.
Esa experiencia como formador se refleja directamente en uno de los aspectos más visibles de su gestión: la renovación generacional. Villegas no sólo convocó jóvenes, sino que apostó por ellos en momentos determinantes. Él mismo lo explicó al referirse a este proceso: “Todos pedían una renovación… proyectemos el fútbol boliviano”, dejando claro que su trabajo no se limita a una eliminatoria, sino a construir una base para el futuro.
Pero esta renovación no se sostiene únicamente en decisiones individuales, sino en un cuerpo técnico amplio y estructurado. El trabajo de Villegas se apoya en un equipo que responde a una idea clara: seguimiento, análisis y formación continua. Esa estructura fue determinante para integrar jóvenes talentos y sostenerlos en el alto nivel competitivo que exige una eliminatoria sudamericana.
Su paso por clubes también explica gran parte de su perfil. En Always Ready, por ejemplo, no solo tuvo la oportunidad de dirigir en primera división, sino de consolidar su modelo de trabajo con jugadores jóvenes, varios de los cuales hoy forman parte del proceso de selección. Incluso casos como el de Moisés Paniagua reflejan esa confianza en el talento joven, respaldada por conocimiento previo y seguimiento constante.
Antes de asumir como entrenador principal, Villegas ya había tenido contacto directo con la selección, formando parte del cuerpo técnico junto a su hermano, Eduardo Villegas. Esa etapa no solo le permitió conocer el funcionamiento interno del equipo nacional, sino también entender las exigencias reales del contexto internacional, algo que hoy se traduce en una gestión más madura y consciente.
En lo futbolístico, su discurso ha sido claro desde el inicio. Más allá de los resultados, su intención es construir una identidad de juego. En una de sus declaraciones más representativas afirmó: “Queremos desarrollar un buen fútbol… hay que jugar bien”, marcando una línea que prioriza el orden, la inteligencia táctica y el aprovechamiento de espacios por encima del juego improvisado.
Sin embargo, Villegas también ha demostrado entender el contexto competitivo. Sabe que los procesos a largo plazo conviven con la urgencia de los resultados, especialmente en eliminatorias. Por eso lo dejó en claro: “Lo urgente es la eliminatoria, lo importante es el proceso”, una frase que resume el equilibrio que ha intentado sostener durante su gestión.
Hoy, con Bolivia en repechaje, su trabajo adquiere mayor relevancia. No solo por los resultados, sino por la forma en la que se llegó a ellos. Villegas representa una idea que durante años fue postergada: confiar en el talento local, construir desde adentro y competir con identidad propia. El desenlace aún está abierto, pero el proceso ya deja una señal clara de que el fútbol boliviano puede mirarse a sí mismo para proyectar su futuro.