Desde el inicio de las Eliminatorias en septiembre de 2023, la selección boliviana fue construyendo su identidad también a través de su indumentaria. Bajo la marca Marathon Sports, La Verde mantuvo su tradicional camiseta titular en tonos verdes, pero con variaciones sutiles en diseño y textura, mientras que las alternativas apostaron por propuestas más arriesgadas, incluyendo versiones oscuras que rompían con lo habitual. Estas camisetas no solo acompañaron el rendimiento del equipo, sino que reflejaron un proceso de búsqueda, tanto futbolística como estética, durante toda la clasificación.
En 2025, ese recorrido tuvo un punto simbólico alto con el lanzamiento de la camiseta conmemorativa por los 100 años de la Federación Boliviana de Fútbol. Esta edición especial no fue una camiseta más: incorporó detalles dorados, referencias directas a 1925 y al centenario institucional, además de inscripciones conmemorativas en cuello y mangas. Más que una prenda de competencia, se planteó como un homenaje a la historia del fútbol boliviano y a quienes la construyeron, conectando pasado y presente en un momento clave del proceso eliminatorio.
Ya en 2026, con el repechaje como objetivo inmediato, Marathon presentó una nueva edición oficial pensada específicamente para este momento decisivo. La camiseta titular mantiene el verde como base, pero con un ajuste en el tono y detalles en cuello y mangas que refuerzan la identidad nacional, mientras que la versión alterna en blanco incorpora líneas y acentos en rojo y amarillo, representando la tricolor. Ambas incluyen mensajes directos asociados al desafío competitivo, reforzando la idea de representar al país en un partido que define todo.
Más allá del diseño, estas camisetas resumen el camino de Bolivia en las eliminatorias: evolución, identidad y presión. Desde los primeros partidos hasta el repechaje, la indumentaria acompañó cada etapa del proceso, pasando de la experimentación a una versión más simbólica y competitiva. Hoy, la camiseta no es solo uniforme: es una declaración. En el repechaje, Bolivia no solo juega un partido, también pone en juego su historia, su identidad y su forma de representarse ante el mundo.