La gestión detrás del repechaje

March 26, 2026

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Hablar del presente de la selección boliviana implica necesariamente hablar de Fernando Costa, un dirigente que asumió la conducción de la Federación Boliviana de Fútbol en uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Desde su llegada en 2020, su gestión ha estado marcada por decisiones administrativas fuertes, reformas estructurales y una clara intención de ordenar el fútbol nacional desde sus bases, entendiendo que sin estabilidad institucional no puede existir competitividad deportiva.

En ese contexto, el repechaje no aparece como un hecho aislado, sino como consecuencia de un proceso sostenido. Costa impulsó cambios en la gestión de derechos televisivos, fortaleció la estructura de la federación y promovió una mayor organización interna, medidas que, aunque muchas veces cuestionadas, terminaron generando un entorno más estable para la selección. Esa base administrativa fue clave para sostener un proyecto deportivo que, pese a sus dificultades, nunca dejó de competir.

El camino, sin embargo, no fue lineal. El proceso rumbo a estas eliminatorias comenzó con la ilusión depositada en el entrenador argentino Gustavo Costas, una apuesta que buscaba jerarquía y experiencia internacional. Pero los resultados no acompañaron y la dirigencia tuvo que tomar decisiones en plena competencia, entendiendo que el objetivo no podía negociarse: Bolivia debía seguir en carrera.

Ahí es donde la gestión de Costa se vuelve determinante. Lejos de sostener un proceso por inercia, optó por ajustar el rumbo, cambiar piezas y asumir el costo político de esas decisiones. No se trató solo de elegir entrenadores, sino de sostener una idea: la selección debía ser competitiva, incluso en un contexto históricamente adverso para el fútbol boliviano.

El propio presidente lo dejó claro en distintos momentos del proceso, especialmente cuando el objetivo comenzó a tomar forma. Tras asegurar el repechaje, sus palabras marcaron el tono de la gestión: “Esto va para los incrédulos”, en una clara respuesta a las críticas que acompañaron gran parte del camino. Esa declaración no solo refleja una postura, sino también el nivel de presión bajo el que se construyó este logro, pero el desafío no terminó ahí..

Este repechaje además adquiere un valor simbólico especial: se da en el marco del centenario de la Federación Boliviana de Fútbol, celebrado en 2025. Un año que no solo estuvo marcado por la historia, sino también por avances concretos como el desarrollo de la Casa de la Verde, un proyecto que apunta a dotar al fútbol boliviano de infraestructura moderna y condiciones de trabajo acordes a las exigencias actuales.

La Casa de la Verde representa, en esencia, la visión de gestión que Costa ha intentado instalar: planificación a largo plazo, inversión en estructura y profesionalización del entorno. No es un logro inmediato ni visible en un resultado puntual, pero sí una base que puede sostener procesos futuros y evitar los errores del pasado.

Hoy, con Bolivia en repechaje, el balance de la gestión adquiere otra dimensión. Más allá de los resultados deportivos, hay un mensaje claro: el fútbol boliviano necesita dirección, decisiones firmes y una estructura sólida. Costa apostó por ese camino, asumió los costos y hoy ve cómo ese proceso desemboca en una oportunidad histórica. El resultado final aún está por escribirse, pero el recorrido ya marca un punto de inflexión.

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