#101
January 1, 2026
TÍTULO: LA CÁBALA DE CREER HASTA EL FINAL
AUTOR: MATEO ALBORTA – DIR. MKT REVISTA CÁBALA
El fútbol boliviano nos volvió a recordar este año que no es una línea recta, sino una montaña rusa de emociones. De esas que duelen, ilusionan, caen y vuelven a levantarse. Y quizá ahí, en esa contradicción permanente, radica su verdadera esencia.
El año comenzó con Always Ready marcando el pulso del torneo, consolidándose como el equipo más regular del país. El conjunto de El Alto se adueñó del torneo demostrando que se puede competir jugando al fútbol. El trabajo liderado por Julio César Baldivieso fue clave para moldear un campeón sólido.
Mientras algunos crecían, otros atravesaban momentos complejos. Para Bolívar, el año del centenario terminó siendo una herida abierta. Sin títulos y con eliminaciones prematuras en el plano internacional, la Academia vivió un 2025 que dolió. El peso de la historia fue tan grande como la frustración y la fiesta esperada se transformó en una profunda reflexión. The Strongest, por su parte, vivió un año marcado por una crisis institucional que terminó impactando en el rendimiento deportivo. La falta de estabilidad pesó y el Tigre cerró la temporada lejos de lo que su historia y su hinchada demandan, con la necesidad urgente de reencontrarse con su identidad.
El fútbol, sin embargo, siempre guarda lugar para las historias que nacen desde abajo. Nacional Potosí escribió una de las páginas más emotivas del año. Con carácter y personalidad, levantó la Copa eliminando a gigantes como The Strongest en semifinales y Bolívar en la final. No fue solo un título: fue una demostración de que con orden y convicción se pueden romper jerarquías.
La selección boliviana, mientras tanto, nos devolvió algo que parecía olvidado: la ilusión. La Verde rompió una racha negativa de 31 años sin ganar como visitante, venció a Chile y encadenó triunfos que devolvieron la fe. El cierre de las Eliminatorias fue dramático y sufrido, pero con un desahogo final: Bolivia al repechaje, otra vez soñando con un Mundial.
El futuro también dejó señales alentadoras. La Sub-17 tuvo una destacada participación en el Sudamericano y clasificó al Mundial, confirmando que hay talento cuando se lo acompaña. Además, se presentó un avance del proyecto de la “Casa de La Verde”, un paso importante hacia el centro de alto rendimiento que el fútbol boliviano necesita hace décadas.
Por otra parte, la caída de Santa Cruz como sede de la final de la Copa Sudamericana dejó una sensación amarga y una importante oportunidad perdida.
Así fue nuestro año: luces y sombras, alegrías y frustraciones. Pero siempre con pasión. Porque el fútbol boliviano no se rinde. Y en cada caída, en cada intento, seguimos aferrados a la misma convicción que nos une: la cábala de seguir creyendo. Porque mientras haya una pelota rodando, siempre habrá una historia más por contar.
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