Para Naual Schugair, la equitación nunca fue un simple pasatiempo. Montar a caballo es parte de su identidad y desde pequeña tuvo claro que quería dedicarse a este deporte, una pasión que la acompañó en cada etapa de su vida y que con el tiempo se convirtió en su camino profesional. Hoy continúa persiguiendo sus metas con el mismo entusiasmo con el que empezó.
En medio del verde intenso, donde los caballos no son un lujo sino compañeros de vida, nació una niña que soñaba con volar. No con alas, sino con crines al viento, con la complicidad de un ser de cuatro patas que late al mismo ritmo que el suyo. Desde pequeña supo que había algo diferente en esa conexión: no era solo montar, era comunicarse, era sentir que al subir a un caballo podía convertirse en quien realmente era.
Mientras muchos niños corrían tras la pelota, ella buscaba el brillo en la mirada de un animal noble y fuerte. No lo hacía por moda ni por espectáculo, sino porque allí encontraba su pasión y vocación. Su infancia estuvo marcada por esa certeza: la de que los sueños más grandes no necesitan aplausos tempranos, sino convicción silenciosa.
Convertirse en amazona en Bolivia no es sencillo. El país no tiene la tradición ecuestre de otras naciones ni la infraestructura suficiente para formar campeones en esta disciplina. Pero a ella no la detuvo la falta de canchas, instructores o caballos de linaje. Lo que otros veían como carencias, ella lo transformó en motor.
Así todo eso forma parte de la vida de esta amazona que aprendió que la gloria no siempre llega envuelta en medallas, sino en pequeñas victorias invisibles. Cada competencia para ella es un acto de fe, un diálogo íntimo con su caballo, con el que construye una relación que va más allá del deporte. No lo ve como una herramienta de triunfo, sino como un compañero de vida, con estas palabras recuerda su primera competencia: “lo recuerdo perfectamente. Estaba muy nerviosa, pero en cuanto entré a la pista todo se transformó en concentración y emoción. Terminé con una sonrisa enorme y con la certeza de que quería más.
Uno de los grandes secretos de este deporte es que puedes tener la mejor técnica o el mejor caballo, pero si no logras sentirlo, no llegas lejos, “aprendí que la paciencia y la constancia siempre dan frutos. No se trata de ganar rápido, sino aprender a caer y levantarte de nuevo, para construir paso a paso una relación sólida con tu caballo y contigo misma, y no solo hablo de caballos”.
Hoy, su nombre empieza a ser conocido en el mundo ecuestre boliviano. No porque haya tenido un camino fácil, sino justamente por lo contrario: porque su historia es un recordatorio de que los sueños más grandes no se miden en popularidad, sino en coraje.
Actualmente entrena en Estados Unidos, y ve un nuevo ambiente donde hay muchas circunstancias y situaciones diferentes, “El profesionalismo es impresionante. Todo está pensado al detalle: desde la alimentación del caballo hasta la preparación mental del jinete. Me ha retado a dar lo mejor de mí y a confiar más en mi capacidad”
Sus metas son claras: Juegos Odesur 2026 y Global Champion Tour en Miami, y trabaja día a día para estar a la altura de sus sueños, “Suena desafiante y emocionante. Me recuerdan que mis sueños tienen dirección y que estoy trabajando cada día para poner el nombre de Bolivia en lo más alto, recordando a la Naual niña y soñadora que la palabra tiene poder, así mismo que esos sueños pronto se cumplirán.
Su vida no cabe solo en competencias. Hablar con ella es descubrir a una joven que sueña con que el deporte ecuestre en Bolivia tenga más apoyo, más difusión y más respeto. Quiere que otras niñas que sueñan como ella lo hizo encuentren un camino un poco más fácil, que no tengan que remar contra tantas corrientes.
Su objetivo no es solo ganar, sino abrir puertas. Que su historia sirva para demostrar que los bolivianos también pueden brillar en disciplinas que no siempre son parte del foco mediático. Y que, al final, el éxito no se mide por la magnitud del escenario, sino por la pasión que pones en cada paso. Y en todo ese camino busca siempre “mantener el equilibrio entre la presión competitiva y la pasión. No perder nunca la alegría de montar, aunque las exigencias sean grandes.
Hoy sigue entrenando con la misma pasión con la que empezó, soñando con representar a Bolivia en escenarios internacionales, llevando la bandera de un país que todavía no termina de descubrir la belleza de este deporte. Y por supuesto con su cábala, “siempre acarició la frente de mi caballo y le susurro unas palabras de confianza antes de entrar a la pista. Es nuestro pequeño ritual de conexión”.
Cómo Cábala se especializa en fútbol aprovechamos la entrevista para conocer su lado futbolero, “soy hincha de la Selección boliviana y también otras disciplinas . Me inspira cómo el fútbol y la equitación, aunque distintos, comparten pasión y entrega”. Asimismo ve el presente de nuestra Selección con mucho optimismo e incluso identificándose con la situación como ella mismo explica, “La vivo con mucha ilusión, porque sé lo que significa luchar contra todo pronóstico”.
¿Desafiaría o invitaría a algún futbolista a un día practicando equitación?, esta fue su respuesta: “No elegiría a un jugador en particular, porque admiro profundamente el esfuerzo y la entrega de todos. Creo que cualquiera de ellos podría disfrutar de esta experiencia, ya que la equitación, al igual que el fútbol, enseña disciplina, confianza y trabajo en equipo. Ambos deportes nos recuerdan que la pasión y el sacrificio son la base para alcanzar los sueños”.
Y es así como el deporte premia el esfuerzo de todos aquellos que se dedican profesionalmente a cumplir sus sueños, Naual Schugair tiene un frase de cabecera muy poderosa que la compartió para cerrar la entrevista:”No admires al famoso que no conoces su historia, admira a las personas con las que vives una historia” – Nace de mi propia experiencia, siempre escucho que la gente admira a famosos solo por como son o cómo actúan, en cambio yo admiro más a las personas que me rodean y realmente vivo junto a ellos una historia.