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July 1, 2025

TÍTULO: Primer Mundial de Clubes

Autor: Marcelo Benedetto

Lo primero que hay que decir es que los equipos brasileños estuvieron a la altura. Todos lograron clasificar, no solo desde los números, sino desde el juego. Hubo actitud, hubo momentos de buen fútbol, hubo intención de igual a igual. Pero cuando la línea se afina, la balanza sigue inclinándose hacia el mismo lado: Europa.

El torneo dejó claro que hay una diferencia que va más allá de la táctica o la calidad individual. Se nota en la estructura, en la organización, en el día a día. Los clubes europeos juegan otro deporte en cuanto a logística, planificación y recursos. Por eso, no es casualidad que nuestros jóvenes crucen el océano tan temprano. 

Pero no todo es negativo. El solo hecho de competir a este nivel ya es un dato alentador. Brasil puso a sus mejores representantes en la cancha y todos respondieron, mostraron carácter y propuestas. Y eso ya habla bien de la competitividad sudamericana. A esto se suma que todos los sudamericanos tienen una mentalidad que superan siempre la adversidad.

Ahora bien, si hay algo que me llamó la atención positivamente fue cómo se ha avanzado en la organización en comparación con lo que vivimos en la Copa América del año pasado. Se notó un paso adelante en muchas cuestiones: mejores accesos, mayor previsión en los desplazamientos, zonas de prensa más ordenadas. El torneo dejó la sensación de que, al menos desde lo logístico..

Claro que aún hay detalles que ajustar. El volumen de público que maneja un Mundial o un torneo de clubes de esta magnitud obliga a pensar en flujos de ingreso, distribución de espacios y atención al espectador con mayor precisión. La diferencia entre un buen torneo y uno inolvidable muchas veces está en esas pequeñas cosas. Y en ese sentido, hay camino por recorrer. Pensando en el Mundial 2026, son puntos que habrá que afinar.

Un Mundial de Clubes no es solo fútbol. Es una experiencia integral. Y en ese sentido, se notan las diferencias. En Europa todo está más aceitado, más medido, más previsible. Acá todavía. 

En definitiva, el balance es positivo, pero con matices. Se compitió, los equipos argentinos compitieron aunque no cumplieron los objetivos se mostró carácter y hubo momentos de ilusión. Pero el gran objetivo sigue siendo acortar esa distancia estructural que, por ahora, no nos deja jugar de igual a igual los 90 minutos completos. Sudamérica tiene talento, tiene historia, tiene pasión. Lo que le falta es tiempo, inversión y continuidad. Y eso no se entrena: se construye.