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June 1, 2025
TÍTULO: Mitad de año, mitad de certeza, cuando el fútbol es más fuerte que la crisis
AUTOR: Edsy Gisbert – DIRECTORA
Llegamos a la mitad del año futbolístico en Bolivia, y lo hacemos con una mezcla de sensaciones. No ha sido el mejor arranque de temporada, eso es innegable. El calendario empezó tarde, los campeonatos se organizaron con lo justo, y todos aún estamos lidiando con el cambio de empresa para poder ver los partidos por televisión. A pesar del entusiasmo natural que genera cada nuevo ciclo, esta vez el arranque tuvo más preguntas que certezas.
Sin embargo, no todo ha sido gris. Entre las buenas noticias que nos ha dejado este semestre, hay dos que marcan hitos importantes para nuestro fútbol: el anuncio del nuevo contrato de derechos de televisión, que representa un ingreso millonario para los clubes, y la confirmación de Santa Cruz como sede de la final de la Copa Sudamericana 2025. Ambas son señales de que Bolivia, a pesar de sus problemas estructurales, sigue generando interés y oportunidades a nivel continental.
Pero la situación económica del país también golpea al fútbol. La falta de dólares ha puesto en jaque a las instituciones, sobre todo cuando se aproxima el mercado de pases de junio. Es difícil planificar refuerzos cuando las finanzas tambalean y los jugadores extranjeros piensan dos veces antes de aceptar contratos en bolivianos. El desafío no es solo deportivo, sino también administrativo, y eso se siente en cada rincón del fútbol nacional.
Aún así, hay motivos para creer. Bolivia sigue con vida en las Eliminatorias, con el sueño intacto de pelear hasta el final por un cupo al Mundial. La ilusión no se pierde, porque mientras haya una posibilidad, el hincha boliviano se aferra a ella. En las calles y en cada fecha FIFA, el amor por la camiseta resiste incluso en los momentos más duros.
Y si hablamos de ilusión, no podemos dejar de mencionar la clasificación de la Selección Sub-17 al Mundial de Qatar 2025. Una generación que nos recuerda que el futuro también se escribe con trabajo, talento y esperanza. En medio de las dificultades, este logro juvenil es un respiro de aire fresco que invita a soñar con un recambio real.
Así cerramos la primera mitad del año: con incertidumbre, sí, pero también con logros que valen. El fútbol boliviano sigue en construcción, entre avances que celebramos y obstáculos que nos obligan a pensar en soluciones de fondo. Queda mucho por mejorar, pero también queda mucho por jugar. Y eso, en Bolivia, siempre será motivo suficiente para seguir creyendo.
Porque entre la ilusión y la incertidumbre, los bolivianos siempre nos hacemos fuertes.
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