#14

noviembre 17, 2017

La nueva-vieja FBF

Carlos Chávez llega al Pabellón 1 de Palmasola, investigado por corrupción. El fútbol boliviano comienza a vivir su día que nunca iba a llegar. Es una réplica del terremoto que dos meses antes (27 de mayo) el FBI provoca y hace trizas la cultura de sobornos  en la FIFA. ¿El año del cambio? No. Apenas el comienzo de un fin que todavía no llega.

 

Más de dos años, cuatro interinatos, seis fracasos en la Eliminatoria mundialista y un fallido Estatuto después, la Federación Boliviana de Fútbol aún no destapa todas sus cañerías llenas de mugre, camufladas para que no exploten. Siguen los obsecuentes. Los que impiden una verdadera refundación.

 

Sin Chávez al frente, la FBF sigue en un laberinto que al parecer no tiene salida. Marco Ortega, Rolando López, Marco Peredo y ahora Carlos Ribera, auxiliares, van por el mismo camino descendente.

 

“Lo más difícil ha sido no haber querido transar en todos los chantajes que ellos (Marco Rodríguez y Freddy Cortez) plantearon. Soy una persona que trata de hacer gestión trabajando y eso no les gusta, quieren que uno sea servil, que no trabaje y que esté sentado calentando el asiento”, se queja Ribera para dejar al descubierto lo que se ve y no se juzga: la cultura de una vieja estructura ingobernable y corrupta. De unos y de otros. De los que pagan y los que reciben. De los que saben y no denuncian. De los que hacen rutina la anormalidad.

 

Según un informe federativo, Ortega se gasta 4 millones de dólares en cuatro meses de gestión. No hay proceso.  Como no hay causa contra Chávez, el hombre que para el Ministerio Público encabeza una asociación criminal para servirse del balompié nacional. La misma película con otros protagonistas.   Sigue el guión de un sistema para los que hacen del fútbol un medio de vida. Lo más parecido a la trilogía de Francis Ford Coppola.

 

En Argentina se dice que para que la AFA cambie tiene que irse hasta el portero. Esa fórmula es perfectamente aplicable aquí. Los responsables deben ser juzgados y castigados. Se deben crear políticas para que los zánganos no vivan de las obreras. Para que haya  una modificación verdadera de un sistema federativo, sumido en una profunda crisis,  tan profunda que quizá la única reforma posible sea la alteración completa de sus bases y no tan solo una reforma para cambiar de inquilinos. Se debe crear un modelo que permita limpiar la casa o dejar que los de afuera lo hagan.

Autor: Roxana Pomier Fernández