Carlos Lampe, el dueño del arco en Bolivia

octubre 19, 2017

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Fotos: Michael Dunn y Arturo Orgaz

El arquero de la selección boliviana es un ejemplo de perseverancia, profesionalismo y templanza, cuando las cosas no le salían nunca perdió la calma, y ahora que las cosas le salen a la perfección no pierde la cabeza.


Es una persona paciente, y sobre todo sabe aprovechar todas las oportunidades que le ha dado la vida y su trabajo. No sólo cuando tuvo que ponerse bajo los palos de La Verde, sino cuando recibió el ultimátum de su madre: Tuvo un año para demostrar que podía ser profesional del fútbol y explotó. Contratado por Bolívar, convocado a selecciones juveniles y una primera muestra de carácter: “Yo estaba estudiando en la Universidad, hice Derecho hasta el tercer semestre, porque mi madre no quería que juegue, ese año tuve la oportunidad de jugar en Universidad y la convencimos que me de un año para dedicarme al fútbol. Lo hice y fue un gran año, porque me llevaron a la selección y ahí cambió todo, fiché para Bolívar”, no le quedaron argumentos a la mamá de Lampe y su carrera comenzó así.


Lo del carácter quizás venga de los pelotazos a los que fue sometido desde niño, era un pequeño arquero en partidos de adultos, quizás esos fueron los que le hicieron perder el miedo a la pelota y a cualquier desafío: “Desde los siete años que soy arquero, en el colegio tapaba penales y esas cosas, a esa edad mi padre me llevaba  a jugar al Parque Urbano y como apostaban plata a pesar de mi edad me daban pelotazos que me quitaron el miedo a la pelota”


Antes de consolidarse como profesional del fútbol, Carlos se destacó en otros deportes, fue uno de los mejores basquetbolistas del país, “muchas veces pensaba que era mejor jugando al básquet que al fútbol, pero mi pasión era esta”, cuenta con una sonrisa cómplice de su acertada decisión. Carlos jugó dos Ligas Sudamericanas con Real Santa Cruz (el equivalente a la Copa Libertadores de la disciplina), fue el mejor basquetbolista cruceño y también fue campeón nacional de taekwondo, pero su deseo estaba bajo los tres palos.


“Yo llegué de tercer arquero y con 19 años a Bolívar, estaba Zayas (Joel, arquero de selección paraguaya) y  Diego Issa. Me tocó luchar desde bien atrás,  con paciencia con perseverancia comencé a jugar, a ganar mejor y a los dos años jugamos Copa Libertadores, ahí me di cuenta que me gusta la presión, aunque el haber hecho otros deportes también me ayudó mucho en eso”, explica el alto arquero boliviano.


Luego su carrera dio varios giros, tres equipos  en tres ciudades distintas del país, antes de dar el gran salto al exterior:  “De Sucre recuerdo que fue mi primera Copa Sudamericana, y jugamos con equipos grandes, fue algo inolvidable para mi y para la U. En Oruro encontré al club con el que más me he encariñado, gracias a mi paso por San José me compré mi primera casa, siempre peleamos campeonatos, jugamos Libertadores y me sentí productivo en ese equipo, y el cariño de la gente igual lo sentí muy genuino”.


Luego vino el primer título, aunque con San José estuvo cerca en dos ocasiones, su primera copa en Bolivia la ganó con Sport Boys en Warnes, una apuesta profesional del arquero que sin pensarlo demasiado terminó siendo trascendental en su carrera: “Cuando terminó mi relación con San José, el presidente era Arturo Murillo, es una muy buena persona, terminamos en buenos términos porque no podían seguir pagando a varios jugadores y por eso tomamos la decisión de ir a Sport Boys que era un club que prometía ser ordenado en lo económico y se nos dio ser campeones, fue mi primer título, muy meritorio porque es difícil que un equipo pequeño pueda repetir algo así”.


Entre el título y su salida al exterior hubo una crisis intensa en el fútbol boliviano, la dirigencia no se ponía de acuerdo, cárcel para varios, descontrol para casi todos, y la selección se quedó sin rumbo; Julio Baldivieso tomó el mando y con una decisión personal de darle oportunidad a varios jugadores “tapados” comenzó a limpiar gente, otros fueron dejando la Selección al no tener empatía con el Emperador, pero Lampe siempre estuvo firme, en las buenas y en las malas, paciente, perseverante y atento a la oportunidad que llegó ante el mejor del Mundo: “Me tocó debutar contra Argentina en Córdoba, y me enteré que iba a jugar horitas antes del partido. Entré en shock, pero luego de hablar con mi familia gané confianza, porque yo siempre me preparé y entrené como si fuera a jugar, porque los arqueros tenemos que ser fuertes de la cabeza cuando nos toca jugar, pero era una noticia tremenda para el cerebro, por el rival y por el contexto, era un desafío muy grande en mi carrera y por suerte me fue muy bien”.


Bolivia perdió ese partido, Messi anotó un gol de penal, pero Lampe le sacó tres tiro libres tremendos, un par de pie a mano a Di María y fue a la conferencia con Julio, había sido un debut del que su familia y el DT sacaban pecho de orgullo, había llegado el momento que esperó desde que inició su carrera.


“Ese día en Córdoba me cambió todo, tener enfrente a Messi cambia toda la carrera, es el mejor del mundo, y estar en una cancha contra él, me hizo entender que todo valió la pena. Terminando el partido tenía más de 100 mensajes de personas cercanas que sabían todo lo que hice para llegar a ese momento”, dice Carlitos, que sigue teniendo el brillo en sus ojos al recordar esa noche en el Mario Alberto Kempes.


Luego llegó la Copa América Centenario, y ahí Baldivieso lo hizo capitán de Bolivia, era el abanderado del mensaje de Julio, era el que más provecho le había sacado a la oportunidad, era el jugador que hizo de la crisis del fútbol boliviano, una oportunidad, y la tomó para no dejarla pasar: “El mensaje de Baldi era ese, quería mostrar que me dio la oportunidad en un momento difícil y me dio un premio de llevar la capitanía en la Copa América y yo lo tomé así, porque siempre cuidé todo en mi vida, nunca me dediqué al trago o algo malo, siempre me cuide esperando este momento”.


Lampe también recuerda que su esposa y su hija son piezas claves en su gran momento, consolidado como arquero de Bolivia, dueño de la titularidad sin ninguna discusión, explotó ante los mejores, en Chile contra la Roja, en el Siles contra Brasil, las difíciles son las suyas “Tener a Mariela (su esposa) cerca, el  día que la escogí como mi esposa, ese día también me marcó mucho porque cómo te va en la vida, tiene que ver mucho con la persona con la que estás, ella siguió mi ritmo de vida, y es mi apoyo para seguir creciendo y haber podido llegar acá, y obviamente mi hija nos dio motivos para sacrificarse y luchar juntos en la vida”.


Su salida a Huachipato de Chile, fue sólo un paso lógico a su gran momento profesional, pero las metas que ahora se le vienen a la cabeza están en ganar su primer título en Chile y comenzar a mirar a otras ligas, la mexicana, argentina o brasileña le llaman la atención pero su gran meta está en Europa, el fútbol Inglés es un desafío mayor y que le encantaría asumir.


Pero ahora que llegó el ascenso de Carlos Lampe, no quiere encontrar la cima, su ambición y sus deseos de seguir creciendo le exigen seguir trabajando como hace once años cuando comenzó el profesionalismo: “Yo siempre dije que iba a trabajar duro hasta llegar a ser el mejor, y como nunca me voy a creer el mejor, no puedo relajarme, el fútbol es algo del día a día, la carrera se construye así y quiero terminar mi carrera en el más alto nivel para lo que debo seguir trabajando”.

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