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julio 18, 2017

Recuerdo que en los años 50 del siglo anterior había una disputa entre la Asociación de Fútbol de La Paz y la Federación Boliviana de Fútbol, con sede en Cochabamba. Comenzaba mi trayectoria periodística y quedé azorado, porque la política se inmiscuyó en el fútbol. La Asociación paceña era dirigida por el Dr. Alfredo Mollinedo, que era Ministro de Gobierno del PURS, y la Federación tenía de Presidente al Dr. Alfredo Galindo, un alto miembro del MNR.

Resultaba imposible coexistir con ese estado de cosas. El MNR hizo posible la Revolución Nacional después de una lucha desigual de 6 años con los gobiernos del PURS: sus conductores se olvidaron del fútbol para ocuparse de la Nacionalización de las Minas, la Reforma Agraria y el Voto Universal.

Hicimos un relax para que se calmaran las aguas turbias.

Fue necesaria una tensa y persistente acción de años para juntar al perro y al gato, pero lo conseguimos, y consagrando en La Paz a figuras como don Eduardo Sáenz García, Lauro Ocampo Crespo y Jorge Jáuregui Canevezo, y en Cochabamba a los hermanos Pareja Mariscal, con David a la cabeza.

Finalmente, hicimos posible el encumbramiento de Roberto Prada Estrada, y ganamos el Sudamericano de 1963.

Primó la unidad de los bolivianos, como soñamos.

Hoy, mi asombro es mayor al observar la gestión dirigencial de la Federación.

No hay calidad, ni por asomo. Los millones de dólares que se manejan han corrompido, marginando lo que se pretende en bien del fútbol nacional.

Basta apreciar las miradas y escuchar a los dirigentes actuales, descalificándose entre ellos con lengua viperina.

Me dan ganas de volver a la palestra para pedir a gritos que se vayan TODOS, e inclusive que se los detenga para que no vuelvan a cometer las fechorías a las que se han acostumbrado.

 

Texto:

Cucho Vargas

Director de ENFOQUES

Premio Nacional de Periodismo